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Euskadi en libertad ¡El cambio es posible!

opinión

El cambio en Euskadi atrae el turismo

La crisis en euskadi se puede estar atenuando en el turismo gracias al cambio de gobierno. Lejos de la hecatombe vasca anunciada por los nacionalistas, sectores como el turismo se estan recuperando gracias a un mayor aumento de la libertad en euskadi.

Ion Antolín, LA ESTRELLA DIGITAL

La llegada de Patxi López a la lehendakaritza puede tener su reflejo de manera directa en la economía del País Vasco. Sin necesidad de pomposas medidas sostenidas sobre montañas de folios en los que se analiza la economía vasca; simplemente por el mero de hecho de ser, de estar, de haber osado arrebatarle al nacionalismo lo que jamás pensaron perder: el poder. Se comenta en algunos corrillos que ya existen datos que reflejan la tendencia al alza en las reservas y en la afluencia de visitantes a las tierras vascas desde que se han puesto en marcha las nuevas campañas diseñadas por los socialistas, y eso también es una importante ayuda para la economía vasca en los malos tiempos que corren para la lírica financiera. Los números del Eustat para los últimos seis meses del año pasado corroboran esta tesis, y lo que se espera es que vayan a más. Del "Ven y cuéntalo" al "Saboréala". De aquella campaña histórica que trataba de ofrecer una imagen de Euskadi al margen de la violencia, anhelo de la mayoría de sus habitantes, al contemporáneo envío al ostracismo de cualquier referencia a la oscuridad que supone el mundo de ETA. Los vascos miran hacia adelante, y en lo que ven no tiene cabida la barbarie.

Superado -aparentemente- el trago del Euskobarómetro, Patxi López llegó a la capital del reino hace una semana para presentar la nueva imagen de la iniciativa turística vasca. Lo hizo en el emblemático edificio de la Bolsa, con ausencias notables y presencias destacadas, entre estas últimas las de Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. La mañana siguiente, su conferencia en el Hotel Ritz ofrecía un aspecto nunca visto en este tipo de eventos, y los responsables del local se vieron obligados a poner mesas en lugares inéditos para poder albergar a todos los que se presentaron allí para escuchar al lehendakari. Hasta la bandera estaba la plaza. A nadie le pasa inadvertida la expectación que genera este hombre, lo que ha provocado que en medio de la vorágine del debate sucesor también suene su nombre. Él mismo se apartó de la pregunta envenenada con una larga cambiada de esas que sólo saben dar los políticos de casta. Y a otra cosa.

Al final, resultará que esto del cambio en Euskadi va a terminar siendo bueno incluso para los vascos, derribando así todos los discursos sobre el fin de los tiempos de los dirigentes nacionalistas. Trata de afianzar esta máxima Patxi López sin descanso en las últimas semanas. Valga el ejemplo de la presentación en sociedad de Irekia, la nueva web del Gobierno vasco para tratar de implicar a los ciudadanos en la tarea de llevar adelante su tierra. Su incorporación a lo que los expertos llaman Open Government refleja el talante de su gestión. Irekia es el nuevo ágora digital, el espacio abierto en el que los ciudadanos pasarán de ser meros espectadores a convertirse en actores del proceso legislativo. Es un buen comienzo. Claro que costará ponerlo en marcha y que la materialización de lo que ahí se converse no será inmediata. La osadía es el recurso de los valientes ante situaciones adversas. Lejos de cavar trincheras y esperar acontecimientos, Patxi López ha pasado a la ofensiva. Y encima llegan más turistas. Ongi Etorri!



Tiempos de cambio

El teorema de la política española debiera ser: "Nada cambia; lo malo permanece"

Publicado en elpais

La demostración palpable de que estamos ya en otra época es que hayan quitado de la plaza del Ayuntamiento de Santander la estatua ecuestre del Caudillo. Porque aquí y en sus entornos, en esto que no sabemos cómo llamarlo, si Estado o España, Euskadi o Euskal Herria, Cantabria o la Montaña, por aquí, por estos andurriales, lo que de verdad marca el cambio de época es el hito emotivo. Es la historia sentimental la que nos conciencia de los cambios y no la política. Ni siquiera creemos que lo económico sea lo determinante, pues nuestro marxismo, reconozcámoslo, es religioso y no científico.

Aunque yo tengo un amigo que se siente amputado en su existencia cuando quitan todo vestigio de Franco, porque dice que él si se le enfrentó. Y, ahora, ¿a quién va decir que se enfrentó si no existió, si no queda más vestigio que el de su estatua en Mellilla? Que se siente defraudado, que él si se le enfrentó en su existencia para que vengan otros a enfrentárseles en su inexistencia. Y eso no vale, ¡ya está bien!, roza la indignación, porque, en el fondo, lo que se quiere esconder, escondiendo sus estatuas, son las vergüenzas y los silencios, si no colaboracionismos, con el que ahora yace ecuestre en los depósitos municipales bajo una púdica lona a forma de sudario histórico.

Mi amigo se teme que él mismo tampoco exista, porque hace un mes fue al Ministerio de Justicia a pedir un certificado de aplicación de la amnistía que se dictó para los rojos tras la muerte del dictador, y por la cara que le pusieron todas y todos, las funcionarias y funcionarios ante los que tuvo que desfilar como fenómeno circense cual la mujer barbuda, pues no tenían ni idea de la amnistía, -¡Ay Dios, existen de verdad los de las cárceles de Franco!-, salió con la sensación de haber estado pidiendo condones en tan excelso edificio de la calle San Bernardo.

Dejemos la crónica sentimental que ya escribiera el añorado Manolo Vázquez Montalbán. Sí, de verdad, es tiempo de cambio, y lo es para algunas personas, las mejores. La sustitución de Fidalgo, un personaje con criterio y cultura en un país en lo que ambos no abundan, puede dar a entender que nos encontremos ante una época complicada y difícil especialmente para los trabajadores. Hubiera sido más tranquilizante ver a Fidalgo a la cabeza de tan importante sindicato para los tiempos que vienen, pero la gente está nerviosa. Enseguida echa al pasado hasta lo bueno que en él hemos tenido.

Lo que no echan ahí, al pasado, es lo malo que tenemos. Hasta Franco, que era muy malo, murió en la cama. El teorema de la política española debiera ser: "Nada cambia; lo malo permanece". Creíamos que Euskadi iba a ser la punta de lanza de la revolución internacional para descubrirla en la recepción del lehendakari como la corte del Pequeño Khan. Con besamanos incluido. Actos como éste no son más que pasado del más remoto, fiesta de un señor feudal para sus cortesanos. Y aunque el Euskobarómetro que dirige nuestro prestigioso catedrático Francisco Llera dé como esperanzadora conclusión que la mayoría de los vascos encuestados apoyan una alianza entre el PNV y el PSE, lo que ya sabemos los viejos del lugar, los que nos enfrentamos a Franco, es que cuando eso opina la gente, al final, el que acaba gobernando, el que de verdad gobierna, es el PNV. Esto es lo serio y grave. Vuelve el pasado, aunque escondáis vuestras vergüenzas escondiendo la estatua de Franco. ¡Feliz Navidad!

 

Futbolistas militantes

Editorial en elcorreodigital

La suspensión definitiva del partido que la selección vasca de fútbol debía disputar contra la iraní el próximo martes en San Mamés consuma el más grave acto de instrumentalización política del deporte, con efectos socialmente fraccionadores, desde que el País Vasco es una realidad institucional. Es cierto que Euskadi, como combinado futbolístico, surgió en 1937 con una clara finalidad propagandista. Pero aquel equipo, cuyo nombre consideran ahora inadecuado un grupo representativo de futbolistas profesionales, tenía como misión alentar simpatías y recaudar fondos en defensa de la República y la autonomía vasca tras el golpe de Estado. Por contra, la postura llevada al límite por esta élite de jugadores no sólo rompe una tradición recuperada, sino que se alinea con quienes han hecho de la denominación Euskal Herria un ariete para cuestionar el actual marco de convivencia. Es inobjetable el derecho a la libertad de expresión que asiste a cualquier ciudadano y su potestad para demandar el modelo de país que considere más conveniente, pero los futbolistas profesionales tienen una prevalencia social y una condición referencial que les responsabiliza en sus tomas de posición, y más si sus pronunciamientos los realizan como colectivo. Y en este caso, sea por convencimiento, gregarismo o dejadez, han añadido una carga más de confusión sobre una comunidad sobrada de elementos perturbadores.

Condicionar la celebración de un partido a la denominación de la selección -una disputa semántica ante la que la generalidad de la ciudadanía es indiferente-, rechazando el nombre oficial de la propia comunidad, es un acto eminentemente político y así debe ser entendido. Los firmantes del manifiesto han tenido tiempo suficiente para medir la reacción a su escrito y ver que quienes les respaldan no representan a la mayoría del pueblo vasco al que quieren representar, sino a las opciones más radicales y soberanistas. Su acción es, por tanto, un encuadramiento militante que desaira a buena parte de la sociedad e introduce un punto de fricción entre los propios aficionados de los clubes donde juegan. Vuelve, una vez más, a sorprender la incoherencia con que algunos futbolistas interpretan su dependencia sentimental, en función de si la motivación corresponde al terreno simbólico o al netamente profesional. Casi tanto como su capacidad para movilizarse por una causa tangencial y no hacerlo ante los problemas trascendentales de nuestra realidad, empezando, por supuesto, por el terrorismo.